Durante años, el Pantone del año fue una especie de oráculo creativo. Una señal clara de hacia dónde se movían las emociones, las industrias y la cultura visual global. Pero hoy la pregunta es inevitable: ¿sigue siendo relevante o solo estamos repitiendo una tradición que ya no dialoga con el mundo real?
Para 2026, Pantone propone algo tan simple como polémico: el blanco. Sí, blanco. Y aunque podría parecer una elección “segura”, lo cierto es que llega cargada de significados que no podemos ignorar.
El problema no es el color, es el discurso
El blanco suele asociarse con calma, orden, claridad y nuevos comienzos. En momentos de saturación informativa y crisis constantes, estos valores resultan atractivos. Sin embargo, cuando se observan fuera del plano estético, empiezan a adquirir otros significados. El blanco también es control, corrección y pulcritud extrema. Es un color que marca con facilidad lo que “no encaja”. En contextos sociales tensos, esa supuesta neutralidad deja de ser inocente y se convierte en una postura que evita el conflicto en lugar de cuestionarlo.
Tendencias globales, miradas parciales
Aquí surge una pregunta clave: ¿desde dónde se están construyendo las tendencias? Buena parte de las decisiones cromáticas globales siguen respondiendo a estéticas europeas o estadounidenses que no necesariamente reflejan la complejidad cultural de otras regiones. En Latinoamérica, y particularmente en México, el color no solo se ve, se vive. Habla de identidad, memoria, tensión social y diversidad. Cuando estas capas se ignoran, la tendencia se vuelve estética, pero no significativa.
Otras lecturas del color para 2026
Mientras el blanco se presenta como una respuesta universal, otras agencias de pronóstico están leyendo el momento desde ángulos más complejos y conectados con la realidad. El morado aparece de forma recurrente como un tono que no busca tranquilizar, sino evidenciar. Un color que remite al impacto, a la marca visible de procesos sociales que aún duelen. También surgen paletas duales que combinan lo místico con lo claro, conectando lo espiritual con lo terrenal y lo contemporáneo con las raíces culturales. A esto se suman tonos naturales oscuros que proponen pausa, reflexión y equilibrio frente a un mundo cada vez más polarizado, así como colores vibrantes inspirados en frutas, flores y referencias locales que responden desde la identidad a la homogeneización global.
Cuando la neutralidad también toma postura
El blanco no es un error. Es funcional, elegante y estéticamente atractivo. El problema aparece cuando se presenta como una postura neutral en un contexto que ya no lo es. En una era donde la diversidad cultural y las conversaciones sociales están más presentes que nunca, apostar por una neutralidad absoluta puede sentirse más como evasión que como visión. Un color que no incomoda no cuestiona y, por lo tanto, tampoco transforma.
Más que seguir colores, entender contextos
Para las marcas, el reto no está en adoptar el color del año, sino en entender qué significa dentro de su propio contexto cultural, social y simbólico. Seguir tendencias sin cuestionarlas puede generar discursos visuales impecables, pero vacíos. Porque el color no solo decora. El color comunica, posiciona y también toma postura.
¿Tu marca está siguiendo tendencias o realmente está entendiendo su contexto? En Mexa Creativa analizamos el color, la cultura y la estrategia para construir marcas que no solo se vean bien, sino que digan algo relevante. Hablemos y cuestionemos juntos la próxima decisión creativa de tu marca.